
Y un esclavo no debe enseñar a un espíritu libre.
Un esclavo no puede dirigir una escuela; si no es capaz de gobernarse a sí mismo, si no es libre y razonable, desconocerá el sentido del bien y la naturaleza de la felicidad. Para enseñar tendría que ser libre, para ser libre tienes que ser sabio.
Un esclavo difama, miente y calumnia. Oculta a los estudiantes por qué ya no tienen los maestros que tuvieron. Ama la cultura de la cancelación. Disfruta viendo las bocas de los espíritus libres cubiertas con mascarillas. Obra con alevosía contra los otros maestros. Unos salen despedidos y otro enmudecen enfermos. El esclavo aparta los problemas. Debería curar su hipocresía, pero es cobarde para hacerlo.
Se le reconoce pronto. Riñe a los buenos y beneficia a los malos. Perpetra traiciones en aulas y pasillos y lloriquea como un cordero en el claustro. El esclavo Medusa cree que la escuela es caminar en fila y cumplir formularios, pero la escuela debe ser el lugar que el estudiante prefiera a los otros lugares ¿Si por desconocer este principio los demás la aborrecen, podrá Medusa ayudar a alguien? ¿Si su alma no se ayuda a sí misma, puede entonces entonar la autoconciencia del yo como si algo supiera? No sabe de lo que realmente se puede hablar pues ignora todo de lo innombrable. A tal punto su espiritualidad está rota, pero peor que el esclavo Medusa es el que sirve al esclavo. Ese no sabe dónde tiene los pies.
Os tengo que decir, espíritus libres y jóvenes estudiantes habladores, que el esclavo Medusa es una pobre pintamonas y su esclavo, el esclavo de los esclavos, pasea por los charcos cual lamelibranquio cantando ¡Cucú, Cucú, Cucú! Tan gratos son los maestros esclavos a las ideologías que elaborarán las próximas leyes de la educación.
«Los inmorales nos han igualao», pero hasta el esclavo de Menón supo elevarse cuando Sócrates le preguntó. Los hombres y mujeres libres lo serán contando con el amor de sí mismos. No deben aprender como esclavos.
Acaso el estudiante engañado, pues se le oculta lo esencial, diga al llegar a casa y mirar en su mochila lo que dijo aquel aristócrata veneciano que creyó comprar manzanas de oro: *»Ma guarda cosa mi hanno venduto quei figli di puttana».
El estudiante entonces estalla en risas, pero Medusa y el esclavo del esclavo no pueden saberlo.
©Bosch. All rights of texts and photographs reserved.
*Pero mira lo que me vendieron esos hijos de puta.