CLAUDIA. Texto.

Me pregunto quién será Claudia y qué le habrá llevado a escribir su nombre en esta baldosa, justamente en ésta baldosa, y no en otra, de la acera de una calle de que voy a llamar cualquier lugar. Acaso Claudia no sea su nombre sino el nombre de su amante, o el de su amiga, o el de su cómplice prima, o el de su gata traviesa. Tal vez solo sea el nombre que le gustaría llevar o solo un nombre que le gusta.

Puede que claudia no sea la adolescente que imagino. Puede que Claudia sea una señora de edad avanzada, un joven poeta enamorado con humos baudelerianos, una bella mujer de ojos amarillos, una niña que no fue a la escuela, otra que de camino de la escuela se detuvo y dejó constancia del amanecer. La posibilidades son infinitas y su concreción visible, este nombre y este inadvertido espacio, acaso no sea más que una apariencia de realidad dentro de un juego de cajas chinas que alguien, o puede que nadie, haya puesto en la nada.

El misterioso y desconocido escribidor… ¿Vivirá todavía? ¿Cuáles serán sus colores favoritos? ¿Se detiene cuando ve flores en una calle? ¿Lleva demasiada prisa esta mañana? ¿Compró ayer un disco de The Doors? ¿Vio una película de acción? ¿Con quién habló  si es que habló con alguien? ¿Qué dijo, qué le gustaría decir o qué diría si pudiera? ¿Sueña con construir edificios o prefiere correr de noche? ¿Cuántas veces ha visto el mar?.

Imagino que una mañana de otoño, al cruzar una calle, miró las nubes buscando una bandada de aves en formación. Que solo miró al suelo y pensó que algún día escribiría su nombre. Que recordó el día que lo escribió en esta baldosa de cualquier lugar.

En realidad nada sé, solo que mi cámara lo captó y que ignoro por qué lo hizo. Que algunos nos hemos pasado la vida buscando nuestro lugar en el mundo, pero que quien escribió Claudia ya eligió de todos los nombres el nombre y de todos los lugares el lugar .

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